Como peces en el agua…

Testimonios y un poco de historia sobre los deportes que se practican en el agua. Además de una práctica cada vez más común –moda para los menos serios-, el surf y sus variantes pueden ser una manera de entrar en contacto con nosotros mismos y una forma de aprender conscientes sobre el cuidado del medio ambiente.

El deporte es por definición toda aquella actividad física que involucra una serie de reglas o normas a desempeñar dentro de un espacio o área determinada (campo de juego, cancha, tablero, mesa, entre otros) a menudo asociada a la competitividad deportiva. Éstos datan desde miles de años antes de Cristo, y sin embargo fueron evolucionando y abriéndose camino a nuevas prácticas y disciplinas deportivas que podríamos llamar modernas, o no convencionales. Entre ellas, podemos encontrar los deportes de agua o acuáticos, que por ejemplo, algunos como el surfing, no están incluidos en las Olimpíadas.

Vamos a ahondar en las profundidades de los deportes que se desarrollan en espacios y entornos naturales como el mar, lagunas o ríos.

El surfing es uno de los deportes milenarios –padre de muchos otros homónimos derivados suyos -, que menos registro encuentra sobre sus comienzos históricos. Algunas personas dicen que la meca del surf se encuentra en tierra peruana, otros piensan que fue en Hawái.

Del Norte peruano en el período pre-inca datan las costumbres de pesca artesanal en esa zona, donde los caballitos de tórtora (embarcaciones de madera utilizadas para desplazarse en las olas) podrían relacionarse con los inicios del surf. Lo cierto es que muchos son los destinos que tienen las condiciones más adecuadas para practicar surf  y Argentina no es ninguna excepción, con Mar del Plata y la costa atlántica.

Algunos de estos lugares tienen playas de arena común o arena volcánica, de piedra, y también se diferencian por su plataforma oceánica: si es de corales, arena o piedra; todas estas variantes determinan la forma que tendrá la ola -antes de romper-, de acuerdo con las condiciones climáticas diarias de cada zona geográfica (país); o si el mar es más frío o cálido que el otro.

Olas largas, olas tubulares y más cortas… el gusto, placer y honor que significa poder surfear una ola diferente cada día, de eso se trata la relación entre el surfista con el medio ambiente, donde intervienen factores como la constancia, el progreso o superación personal.
La orilla en la actualidad

 

Hoy en día, es común ver los barriletes de los kiteboards decorando el horizonte en casi todas las orillas de nuestro país, sobre todo en zonas de río, que han sido urbanizadas por veleros y embarcaciones de todo tipo. Allí nacen riders de todos los niveles que comienzan a incursionar en el kiteSurf (kiteboard en el mar) en donde además de lidiar con el viento, el rider (o practicante) debe enfrentar las olas y la furia del mar.

“El kite” –como se lo conoce-, tomó mucha fuerza como deporte masivo en los últimos años, a pesar de que su nacimiento tiene ya suficiente tiempo y muchos adeptos en Argentina. Lo bueno de este deporte es que cualquiera que tome algunas clases sobre la técnica a utilizar y las precauciones que se deben tomar, puede dar los “primeros pasos”. No es muy difícil salir navegando después de 2 ó 3 clases, si se ha tenido una sólida introducción teórica sobre meteorología y corrientes de aire. Es muy interesante observar y comprobar por nosotros mismos como un barrilete de 9 ó 10 metros de largo pueden impulsar un cuerpo de 80 kg o más a una velocidad suficiente como para desplazarse en una tabla sobre la superficie de un río o laguna. Todas las variantes del clima deben estar en sincronía para poder alzar esa bolsa de aire y controlar su manillar para tomar la dirección que queremos. Mientras tanto, como sucede en todos los deportes también, lidiamos con sensaciones como el miedo o la adrenalina que nos pone en un lugar vulnerable y a veces de riesgo. Por eso es que se  los suele llamar deportes no convencionales extremos, o de acción.

 

Todos son a su vez familiares del skateboarding, o patineta, del snowboard e hijos del surf. Pero vamos mejor a ocuparnos de los deportes que dependen pura y exclusivamente de las fuerzas naturales, tales como el viento (nudos) y las mareas (swelles), y del agua: elemento que nos llena de vida y nos proporciona una conexión diferente con la naturaleza.

El agua, la adrenalina y esa sensación de ansiedad que nos eleva el ánimo a lugares inigualables, logran que la experiencia con los deportes acuáticos de acción sea tan satisfactoria, que raras veces (aunque tengamos accidentes o imprevistos) no querramos volver a intentarlos. Cualquier surfista o kiter, incluso una persona que práctica buceo amateur con snorkel puede decirnos que la sensación de estar en contacto con el agua es como volver al vientre materno. Sentirse parte de una inmensidad tan sorprendente como el planeta Tierra nos asusta y agrada a la vez.

Somos vulnerables y a la vez estamos protegidos y cobijados por el medio en que habitamos, y este sentimiento es difícil de igualar realizando otras actividades terrestres.  Pocas personas entre tantos habitantes, conocen lo que significa esperar una ola atrás de la rompiente en una playa, sentir la brisa lluviosa de un pico que pasó y no llegamos a remar… ¡Lograr pasar la rompiente filtrando por debajo del oleaje con una tabla en las manos que nos permite flotar y llegar a ese lugar de paz más allá de la espuma y a 200 mts. de la orilla…! El hecho de estar sentados sobre nuestra tabla esperando que llegue la ola indicada, es un momento inolvidable y tan trascendental, que nos produce una sensación de libertad absoluta y relajación mental impresionante. Pocas cosas se comparan con la unión entre el hombre y la naturaleza. Esa convivencia armoniosa que nos hace sentir tan poderosos como insignificantes a la vez…

Sentir que un pez nada por debajo nuestro o sonreír sin darnos cuenta luego de haber surfeado una ola que nunca pensamos que íbamos a surfear…, son momentos inexplicables e indescriptibles para el ser humano. La emoción que tenemos supera todas las expectativas que teníamos y nos infla el pecho con un cosquilleo incontrolable. Nos olvidamos de todos los problemas y logramos tener la mente en blanco, observando todo ese mundo que empieza en la orilla desde otra perspectiva, con más optimismo.

¿Pero que es lo que un rider puede decirnos de su experiencia llevada al campo de batalla? No importa quién seas ni que tan bueno puedas ser, estos deportes individualistas crean una conciencia superior en quiénes los practican. Ellos pueden darnos una nueva perspectiva para pensar, de otra manera, siendo uno con el medio ambiente, porque lo debemos cuidar si queremos continuar disfrutando sus maravillas.

Algunos amigos de  la revista Valeria nos cuentan su experiencia en los deportes de agua.

Sebastián Lamorte por ejemplo, vive en Valeria del Mar desde los 3 años. “Soy un enamorado de este maravilloso lugar y tengo la suerte de poder disfrutarlo día a día. No me imagino la posibilidad de vivir en otro lugar.” A los 19 años arrancó con el Windsurf en la laguna, le llevó dos temporadas desarrollar los conocimientos y técnicas aplicadas al mar. Su amigo Andrés estaba junto a él para acompañarlo aquella primera vez que se inició en el mar. Y describe esa primera experiencia como “increíble”. Simplemente. “A los 25 años me entero de un deporte nuevo con un barrilete ¡y se comentaba que era muy peligroso! Se llamaba Kitesurf. Me encantó la idea de aprender y poder hacerlo en este lugar. Fue muy complicado aprender en la zona ya que no conocía a nadie que hiciera este deporte y me pudiera enseñar. Los que hacían eran de Bs.As., pero miré algunos videos y revistas, y poniéndole muchas ganas pude aprender. Hasta hoy sigo aprendiendo y disfrutando de este hermoso lugar, de este gran deporte junto a la compañía de una gran familia y de los amigos, que sin ellos no sería lo brillante que es.”

Por su lado, Chac Obarrio, otro entusiasta fanático del agua y del deporte, nos transfiere sus vivencias e impresiones casi filosóficas sobre lo que para él significan también los deportes que le dan otro sentido a su vida. “El surf y sus derivados pasaron a ser mi norte en esta vida. Es una pasión que fluye dentro de mis venas y  mi conexión con la madre Naturaleza. El surf es vivir el aquí y ahora, fundiéndonos con el océano… sintiendo que somos uno con el universo. Y como vivo lejos del mar (en Buenos Aires), tomé al Río de La Plata como mi mejor opción. Aprendí a complementar el surf con sus derivados en Buenos Aires, y por eso hace mucho tiempo que navego en windsurf y 12 años que lo hago con un barrilete en mi cabeza. Buenos Aires tiene playa, y somos pocos los que la disfrutamos. Navegar impulsado por el viento en pleno contacto natural es un sentimiento mágico (…) Todos mis viajes están relacionados al surf, kite o windsurf. Mi trabajo está relacionado con mis pasiones, y cada poro de mi piel lo respira” nos cuenta. Nada de esto puede ser exagerado cuando habiéndolo conocido en persona, sus ojos se iluminan a medida que transcurre su relato.

Y para enriquecer la cuestión con un giro que puede resultar inspirador a nuestra realidad, conocimos a Gastón Caminata (CEO de Surfrider Foundation) quién nos invita a acercarnos a este grupo que él lidera y que protege a las playas, y además nos compartió su pensamiento al respecto de los deportes de agua. “El Surf me dio todo: un deporte, un lugar para jugar, buenos momentos… y nos decían que éramos vagos  de pasar mucho tiempo en la playa…, y ahora todos quieren surfear! Y si es de vagos cuidar las playas, entonces es cierto que éramos vagos. Son 28 años que  todos los días repiten el primer día; me encanta estar en el mar.”

Lo dice una persona que no sólo se dedica a aprovechar de las costas argentinas sino también a cuidarlas y a convivir con el ecosistema que es el océano. “El surf es un estado de yoga permanente. Y  ya que estamos presentes y no ausentes, también  debemos cuidar el lugar que tantas alegrías nos dio.”

Tomás Luigi Arias

 

 

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