Con los chicos, en el mar.

De la mano de Maxi Llaveria nos dedicamos a un día con mucho pique y diversión en Valeria del Mar. Un escenario más que entretenido para incluir a los más chicos en una jornada de pesca.

Hacía bastante tiempo que no realizaba una pesca embarcado de costa sobre un lecho solamente de arena, particularidad que se da en la zona ribereña que va desde San Clemente del Tuyú hasta casi Mar Chiquita. En esta franja hay que buscar sectores de canaletas, veriles y pequeños bancos de tosca donde la pesca arroja los mejores resultados.
Para efectuar este relevamiento nos comunicamos con Maxi Llaveria, reconocido guía de la región que abarca Valeria del Mar, Pinamar, Ostende y Cariló. Nos comentó que la pesca estaba muy buena, pero había que aprovechar las jornadas en que el viento permitiera la entrada al mar. Se capturaban corvinas, bagres, gatusos, pescadillas y brótolas, es decir, toda la variada costera de la zona.
Elegimos un día con viento del norte, poca ola y mar calmo. Y partimos junto a mi amigo Martín soñando con buenos piques.
Nos encontramos con Maxi en su casa, donde estaba alistando el semirrígido con capacidad para 10 personas y dotado de todos los elementos de seguridad. Además, provee a sus clientes cañas, reeles y carnadas, más una asistencia personalizada.
En la playa nos aguardaban nuestros compañeros de salida. Era un ambiente muy familiar, con los niños pescadores Joaquín y Vicente acompañados de padres y abuelos.
Luego de hacer el correspondiente rol para Prefectura, bajaron la embarcación del trailer y la hicieron ingresar en el mar. Previamente, Maxi había calentado el motor. Y cuando el semirrígido tuvo la profundidad necesaria, quienes lo guiaban subieron a bordo y comenzamos a navegar a mar abierto.
A 3 kilómetros de la costa tendríamos un promedio de 12 o 13 metros de profundidad. Y a los 5 kilómetros aparecerían veriles y canaletas, ya con una hondura de 15 metros.
Probamos detenernos a los 3 km. Allí la jornada anterior habían realizado una buena pesca, con la embarcación garreando, es decir, con el ancla que no se agarra del fondo, que es de tosca, sino que raspa el lecho y desprende “alimento”, acardumando a los peces.
Utilizamos cañas de no más de 2,10 m y hasta 30 libras, con reeles rotativos o frontales cargados con nailon de 0,50/0,80 mm, línea convencional de dos anzuelos 4/0 o 5/0, madre de 0,70 mm y brazoladas de 0,60 mm y 70 cm de largo, fijas o corredizas. La carnada: anchoíta y calamar.

Técnicas y carnadas

Yo había llevado para probar un equipo liviano con caña de grafito de 20 libras y reel tipo bajo perfil, cargado con multifilamento. Le había agregado un líder de nailon que termina en un tramo de 80 cm de multifilamento trenzado, dejando en la punta una oreja para intercambiar jigs. La idea era hacer pirking golpeando el fondo con un Ebi de 120 gramos para pesca vertical. Este jig se utiliza para pesca lenta. Baja velozmente y, por su diseño, mantiene la posición en condiciones de corriente rápida o deriva. En zonas de fondo de piedra esta técnica de pesca ya tiene innumerables adeptos, pero en fondos de arena y con especies no tan cazadoras era una incógnita.
A diferencia del día anterior, Maxi ancló la embarcación dándole bastante cabo para que el ancla no se agarre. Según nos explicó, estábamos en la misma posición en la que habían tenido éxito, pero ahora con la marea al final de la bajante. Encarnamos con anchoa y calamar: la primera se degrada en el agua y ceba el sector; la segunda se mantiene más en el anzuelo por sus características. Las plomadas variaban entre 120 y 180 gramos, pues había poca correntada.
Todos destrabamos los reeles y buscamos tocar fondo. Luego recogimos el nailon suelto e iniciamos la espera del tan ansiado pique. Como la marea estaba detenida para crecer, las capturas se hicieron rogar.

Más piques, más especies

Lo primero que tomó nuestra carnada fue una corvina chica, rápidamente devuelta al agua. A partir de allí los piques fueron en aumento, sobre todo en el anzuelo de abajo (contra el fondo), siempre encarnando con anchoíta. Los tamaños también mejoraron, con algunas corvinas superiores a los 2 kilos. También aparecieron gatusos, especie de la que se pueden sacrificar solo dos ejemplares mayores de 65 cm.
Pescando vertical con mi jig no tenía respuestas. Lo levantaba del fondo haciéndolo jugar con movimientos hacia los costados para dotarlo de vivacidad. Hasta que tuve un pique fallido (el pez no tomó con decisión), lo que me motivó a seguir poniéndole todas las ganas. Al siguiente pique lo dejé comer para parar la caña y logré clavarlo. Lo icé despacio y siempre en tensión. Finalmente, apareció una raya que se había tragado algunos flecos del artificial, y con ellos el anzuelo. El pez también volvió a su hábitat.
Maxi no se aguantó más y navegó hasta los 5.000 metros para probar sobre la canaleta o pozón. Volvió a anclar, dándole más cabo. La profundidad era ahora de 15 metros, por lo que auguraba capturas de mayor tamaño. Se renovaron las carnadas y bajaron nuevamente las líneas. La pareja de Joaquín y su abuelo hacían diferencia en la popa de la embarcación, pescando gatusos y corvinas de mejor porte. Movían constantemente las carnadas con la punta de la caña, otorgándole movilidad a los engaños.
El mar estaba bueno, prácticamente sin olas. Maxi vio movimientos en la superficie y se decidió a intentar de flote. Empleó una caña de dos tramos y acción liviana, con reel frontal. Y le colocó una línea de dos boyas con brazoladas de 50 cm, más anzuelos Nº 3 encarnados con filet de anchoíta.
De repente, una de las boyas se desplazó. Y con un movimiento de caña cobró un buen pejerrey de 35 cm. Siguió insistiendo y muy pronto pescó otro, ahora de 45 cm. Lo filetearon en tiras de 2×6 cm y lo encarnaron en la brazolada de arriba de la línea con una sola pasada de carne a piel. El cebo de pejerrey da brillo y atrae. Enseguida vimos que la vara de Maxi se arqueaba más de lo normal. Quería recoger pero el pez clavado le bajaba la caña. Entonces fue aflojando la estrella para que sacara nailon con dificultad y se empezara a cansar. Lo fue cañando y ajustando cada vez más, mientras la caña funcionaba a pleno. Así hasta que logró arrimarlo: era una corvina que pesó alrededor de 3 kilos.

Jig bien a fondo

Yo seguía intentando con mi jig, hasta que en un momento lo cambié porque detecté unas anchoas de banco cerca de la superficie. Coloqué entonces un Gyro, que tiene un rulemán que lo hace girar al traccionarlo. Trabajaba a media agua buscando pescadillas y anchoas. Pero no tuve ningún pique, por lo que volví al Ebi, haciéndolo actuar bien a fondo. Enseguida pesqué una corvina. Y a continuación picó un lenguado de muy buen porte, que aprovechó el tiempo que empleamos en hacerle fotos en el agua para ganar su libertad. Igualmente quedamos muy satisfechos por haber empleado una técnica nueva, con un equipo liviano y sobre un suelo únicamente de arena.
En tanto, los chicos –usando carnada– seguían pescando a lo grande, mientras padres y abuelos los incentivaban al tiempo que exhibían su alegría por la faena. Realmente se ganaron con creces los mejores aplausos de esta salida costera.
Así concluimos esta incursión en Valeria del Mar y zonas aledañas. Una propuesta para no desaprovechar en lo que resta del verano. Y mejor aún si la compartimos con noveles pescadores tan entusiastas.

Nota publicada en la edición 473 de Weekend, febrero de 2012.

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