En la playa el hombre es inmortal

Volvió a la pantalla chica y presentó la película “Pájaros volando”. Su sello es el humor a lo Capusotto y su forma de vida habla de un ser humano que transmite mucho más que gracia. Diego nos cuenta acerca de su atracción por Valeria del Mar y los espacios que le brindan tranquilidad.

Llega puntual a la cita que acordamos en un bar de Barracas, nos sentamos en un lugar apartado de las miradas, aunque no de los ruidos. En una charla de café Diego se aleja de las autopistas, las luces del teatro y sus personajes para mostrarse como aquel tipo común que después de un año largo y agotador se va con la familia al mar en busca de paz.

V- ¿Cómo conociste Valeria del Mar?

DC- Siempre veraneábamos en Villa Gesell hasta que un día se armó una cola de media cuadra para pedir autógrafos mientras estábamos almorzando. Y entonces me dije hasta acá llegamos, eso fue en el 2001. Al año siguiente, empezamos a ir a Valeria por recomendación de mi cuñado. En aquel momento había mucha menos construcción que hoy, menos gente y más ambiente familiar. Aunque no me ato mucho a los lugares, desde aquel año vamos a Valeria todos los veranos.

V- ¿Llegaste buscando tranquilidad?

DC- Fui en plan familiar porque nos resulta un lugar muy gratificante. Uno se encariña con ciertos espacios físicos como la playa, la famosa carnicería de la curva que está medio pegado a Ostende o la casa de “Sudestada”. Me gusta veranear en una casa y el mejor momento para ir es de fines de diciembre hasta los primeros días de enero. Lo disfruto mas allá de la uniformidad casi escolar, eso de que todo el mundo tenga su lugarcito con la sombrilla. A las nueve de la mañana y cuando cae el sol la playa es un lugar donde el hombre es inmortal y la muerte no es posible, sobre todo en esos dos momentos. Lo digo en el sentido de espacio, de pertenencia y de lugar, la playa vive por sí misma, no podés tomar nada. Es uno de esos paraísos que uno inventa en la tierra, un lugar de inspiración.

Para Diego no se trata de escapar de la gente, la búsqueda de paz es también una exploración de ideas y un momento único para compartir con su familia. Al mencionar Valeria del Mar como su refugio asegura que “uno también quiere escapar de cierto asedio nada más que para estar más conectado con el lugar y con su familia. Son recreos que me tomo que potencian la propia vida. Aunque tengo una vida profesional, de responsabilidad -porque llevar un programa adelante es estar concentrado y tener una cierta disciplina-, pero en realidad es como un juego para nosotros (haciendo referencia al trabajo que realiza junto a Pedro Saborido, su socio).

V- ¿Te alcanzan los días de vacaciones para desconectarte del trabajo de todo el año?

DC- Suele pasar que cuando me voy a Valeria me cuesta despegar de acá y cuando estoy allá me cuesta muchísimo despegarme para volver a acá. Ahí te das cuenta que uno trabaja todo el año para tener quince días de vacaciones, y que eso es bastante obsceno para el ser humano, un pequeño recreo miserable en donde la vida es mucho más posible, te levantás ni siquiera a la hora que querés, temprano para aprovechar el día porque realmente tenés una pertenencia con el día.

V- Hace tiempo que veraneás en Valeria ¿qué disfrutás casi como un ritual en cada visita?

DC- Uno se va encontrando con costumbres y con gente con la que se vincula. El carnicero al cual uno va a comprar esa carne, lugares que uno va con gusto, inclusive para volverse a encontrar. La primera compra de carne es la representación de todo lo que va a venir.

He ido a varias carnicerías, mi antropología pasa por las carnicerías. Compraba empanadas muy ricas en un lugar que está al lado del Tambito, la fiambrería. Además, Valeria es un lugar chico y todos caen en el mismo espacio. A veces voy al Rincón o a Open Valeria a lo de Luis, un lugar que yo quiero mucho. Me gusta mucho su escenografía. Disfruto de caminar por Valeria, porque para mi caminar es un placer.

V- ¿Pensaste en hacer algo relacionado con tu trabajo en Valeria del Mar?

DC- Yo me engancho con los pibes que laburan a la noche ahí, participé en un disco de un grupo de “Juglares”, uno es el hijo del juglar viejo. Siempre se arman espectáculos, en la rotonda, o en la galería nueva. Es un show a la noche, a la gorra. Me parecen espectáculos muy divertidos, sólidos y los disfruto mucho. Me sumé en uno donde mis hijas participaron, el grupo se llama Mundo Arlequín con quienes conecté muy bien por lo que uno hace y por lo que uno ha dedicado su vida.

V- ¿Tu trabajo es tan divertido como tus vacaciones?

DC- No siempre pude elegir lo que quería hacer, pero mi lógica siempre ha sido dar un mensaje por medio del lenguaje del humor. Para eso tiene que haber un ordenamiento, una disciplina para llevar a cabo un proyecto. Nosotros decidimos hacer de ocho a diez programas por que nos seduce hacer un producto más coleccionable. Con Pedro tratamos de que sea un juego, de hecho, la génesis del programa es como si te hubiesen abierto un patio y te dicen “hagan de esto lo que quieran”. Lo tomamos y lo transformamos en algo que nos hace bien, y dejamos la puerta abierta para quien quiera compartirlo.

V- ¿La creación de cada personaje tiene un mensaje?

DC- El programa en sí tiene sustento ideológico, en el lenguaje humorístico uno está tomando posiciones sobre ciertas cosas y tomando distancias sobre otras, o está increpando por medio del humor. A partir de allí derribas eso que te duele y ponés distancia para saber de su existencia. Los personajes vienen del imaginario, de tanta gente que uno conoció. Finalmente uno se corporiza en ellos, y terminan siendo el arquetipo de muchos otros personajes.

V- ¿Podés encontrar alguno de tus personajes en Valeria del Mar?

DC- Si, en todos lados. En Valeria podes hacer una referencia al entorno de las vacaciones y que en el humor se hace mucho: la familia llegando con la sombrilla. Para mí es una obviedad, uno siempre es un estúpido cuando llega a la playa cargado de cosas y viendo por dónde te acomodás. Valeria, como otros lugares, tienen eso de patético; por un lado la naturaleza, su escenografía y, por otro, se convierte después en una especie de feria berreta con agua, se llena de gente. El disfrute que yo tengo con Valeria tiene más que ver con lo que me ofrece a mí y a mis hijas.

V- ¿Cómo es un día tuyo de vacaciones?

DC- Por lo general suelo ir a las nueve a la playa y a las once cuando caen todos me voy. Soy mañanero durante las vacaciones y es que quiero disfrutar del día. Además después me gusta dormir la siesta. A la tarde, si voy a la playa, lo hago como a las cuatro o cinco. Uno en verano repite estructuras más placenteras que las que repetís en la ciudad, ir a la playa de 9 a 11 o de 4 a 6 es una estructura, pero lo hago desde el disfrute. Con mi mujer y mis hijas compartimos mucho tiempo del día, aunque la más grande se independizó y ahora va sola al cen-tro, a comprar, a los famosos juegui-tos. Vemos espectáculos por las noches, como el de Mundo Arlequín.

Ya termina la tarde en Valeria del Mar y empezaría la hora de pensar en el asado de la noche, dice entre risas Capusotto que conoce casi todas las carnicerías. En Barracas, mientras tanto, comienza a oscurecer después de la charla, Diego se va saludando y recomendándonos que no doblemos la rotonda de Valeria a 150 kilómetros por hora, como una humorada mientras nos dice dónde comprar las mejores empanadas o tomar el más rico helado. Es que todos esperamos de quien hace humor que cierre con un chiste, sin embargo nos deja un paseo por su búsqueda de paz en un “paraíso” de tierra y agua donde crecen su familia, sus hijas y sus proyectos.

Roxana Miguel

Deja una respuesta