El hogar como representación de la familia

Una entrevista con Manuel Lamarque, un servidor de la construcción, transmuta en una conversación profunda. A la hora de construir un lugar para vivir, la moda y el mercado quedan relegados, para dar espacio a las ilusiones y al vínculo estrecho entre las personas.

Esta será más una historia que un artículo, tomará la forma de una crónica y querré contarla como si en una sobremesa me preguntasen acerca de aquella entrevista que se convirtió en un diálogo. Pondré mis manos en el segundo párrafo y empezaré sin el ánimo de seguir las normas periodísticas que he aprendido. Ustedes sabrán entender.

Mi idea inicial cuando marqué el número telefónico Manuel “Lolo” Lamarque, era establecer una entrevista cuyo eje girase sobre el concepto englobado bajo el término “eco-casas”, es decir, viviendas edificadas con materiales reciclables, las cuales anidan en su esencia una elocuente conciencia ecológica. Aquel era mi concepto a priori, alimentado por lecturas previas al diálogo y, antes que ello, por la evidente asociación de palabras.

Sabía que el hombre es arquitecto, que montó un estudio en Valeria del Mar junto a su socio y que ambos son hombres duchos en esta modalidad. Por otra parte, también sabía que las viviendas ecológicas no son una novedad en el mundo: Ya en los últimos años, no es cosa de unos pocos estar a tono con el deseo y la necesidad de cuidar el planeta y para ello, con un refrán que encaja al dedillo, “lo mejor es comenzar por casa”.

El furor eco-friendly echó luz sobre los productos y las actitudes ecológicas; así es como muchos comenzamos a conocer de qué se habla cuando se hace referencia a las eco-bolsas, a las lámparas de bajo consumo, a la recolección de plásticos o aceites, al reciclaje de materiales y hasta a la tendencia de vivir en casas que cumplan con un contrato ecológico socialmente implícito.

Mientras aguardaba oyendo los repetidos tonos del teléfono, repasaba un listado de preguntas que tenía en mi libreta, y cuyas posteriores respuestas completarían un artículo en el cual la actitud ecológica sería protagonista. De esta forma encaré la conversación con mi lapicera preparada para anotar los temas más importantes, datos estadísticos, nombres de materiales adecuados y muchos etcéteras.

A poco de iniciar la conversación el esquemático listado de preguntas pasó a segundo plano. Manuel comenzó explicándome con mucha claridad qué significa hacer una casa de estas características particulares. Es verdad que es arquitecto porque es la carrera que estudió en Mar del Plata, aunque él expresó una preferencia: que lo llame “servidor de la construcción” porque lo que hace, según sus palabras, es brindar un servicio, ni más ni menos.

Lo primero que me cuenta es que ya realizó una serie de eco-casas en Valeria del Mar. Una es la suya, donde él mismo vive, y otra es la de su socio, Ezequiel Sibriano. Me asegura que éstas despiertan el interés de las personas porque se presentan como edificaciones simples colmadas de luz y mucho verde a la vista.

Ante la pregunta inicial de los interesados, “¿cuánto cuestan?” –puedo asegurarles que a mí también me interesaba saberlo-, Manuel responde la consulta con más preguntas: ¿Qué tipo de casa buscan? ¿Qué familia conforman? ¿Cómo son? ¿Qué hacen? Ocurre que para estos constructores es tan importante saber el número de habitaciones que sus clientes precisan, como conocer la relación que llevan con sus hijos o cuáles son sus mejores anécdotas. Desde esa visión tan particular nace el plano de una casa. Androcéntrica, podríamos llamarle.

Son ecológicas porque están realizadas en su mayoría con madera sin procesar, muchas aberturas que suplen las paredes de cemento permitiendo la entrada de la luz natural, techos sintéticos y abundancia de elementos reciclados. Manuel asume que en la Argentina todavía no se pueden construir casas cien por ciento ecológicas puesto que la gente tampoco está del todo vinculada con la forma de vida que esto implica.
Cuando el terreno está disponible para dar inicio a la obra se convoca a un equipo de trabajo integrado por técnicos, carpinteros, electricistas y albañiles que en total suman un colectivo de aproximadamente treinta personas, que acompañan al estudio en sus proyectos desde hace varios años, y a quienes se exige cumplir con una norma común para todos: No simplemente construir una casa, ¡sino construir una casa particular para una familia única!

“Para hablar de estas viviendas, el dinero no es lo primordial. Nosotros buscamos reducir los costos al mínimo y el resultado en general son casas económicas, ligeras y sustentables”, sostiene Manuel. Agrega: “Nuestros clientes siempre saben en qué se invirtió cada moneda con la que cuentan. La gente se vuelca a la energía que le ofrecemos”.

El escepticismo hace que algunos, entre los cuales me incluyo, por momentos no nos permitamos creer plenamente en profesionales que ofrecen un servicio y aseguran hacerlo a bajo costo. “¿Qué ganan haciéndolo así? ¿No es más conveniente sumarse a la moda ecológica que imprime a los productos naturales una serie de valores excesivos?”.
El servidor de la construcción asegura que pueden vivir de su trabajo, que sus clientes se transforman en amigos, y que su búsqueda no es aquella que persigue el negocio inmobiliario. Entonces le pregunté si es posible proyectar este tipo de construcciones en ciudades grandes como Buenos Aires. Si bien, como se ha dicho, aún no se registran edificaciones cien por ciento ecológicas, Manuel habla de una esperanza: “La gente tendría que creer y buscar un espacio para la familia”.

La luz, la energía, el ingreso de los aromas naturales, los picos de los árboles revoloteando en torno a esas paredes, el camino de flores desde el umbral hasta la entrada, el espacio de cada ambiente, el canto de los pájaros y la paz misma son los materiales de construcción. La combinación perfecta de todos los elementos que el ser humano necesita a su alrededor para recordar qué es lo más necesario y lo más importante. Ese el significado de hogar, más o menos ecológico, reciclable y lejano al producto que se vende en tiendas y estanterías maquilladas.

La conversación rumbeó hacia la familia,  las esperanzas  y desesperanzas,   los esfuerzos y logros obtenidos en una sociedad llena de frustraciones; en fin, cosas que quizás no vengan al caso para esta nota pero que me permito incluir porque aquella no fue una entrevista, debo decirlo, sino una charla amena donde aprendí la verdadera importancia de tener una familia, un hogar.

 

Por: Roxana Miguel

Una respuesta a El hogar como representación de la familia

Deja una respuesta