EL VUELO DE LA MARIPOSA, Gabriela Arias Uriburu

Una historia de recuperación, amor y superación personal

Muchos de nosotros supimos de ella a través de los medios.  De su lucha por recuperar a sus hijos, que habían sido llevados al otro lado del mundo. Y de cómo atravesó ese mundo de todas las maneras posibles para acercarse a ellos.

Para quienes no la conocen, empezaremos por contar que Gabriela Arias Uriburu nació en Brasil, en 1965 . Vivió en Buenos Aires durante su infancia y adolescencia, y a los 23 años partió a Guatemala a estudiar. Ahí conoció a Imad Shaban, un empresario de origen Jordano, con quien se casó y tuvo tres hijos: Karim, Zahira y Sharif.  Pero la  pareja que comenzó con ilusión y felicidad, con el tiempo comenzó a resquebrajarse. Diferencias culturales y de distintas índoles fueron minando la relación, hasta que la crisis se profundizó y Gabriela no encontró otra salida que el divorcio. La justicia de Guatemala le otorgó la tenencia de sus hijos, pero un día más tarde, el 10 de diciembre de 1997, fue a buscarlos a casa de su padre, y ellos habían desaparecido… En ese momento, Karim, el mayor, tenía 6 años, Zahira, 4, y Sharif, el más chiquito, tenía sólo 2.

Durante meses no supo nada de su paradero. Cuando finalmente pudo confirmar que sus hijos estaban en Jordania, ya tenía en marcha todo tipo de reclamos, pedidos y negociaciones. Su caso fue tratado tanto por los gobiernos y las embajadas de Argentina, Guatemala y Jordania, como por la ONU y los foros internacionales,  convirtiéndose en un precedente por los Derechos de los Niños en todo el mundo.

Como resultado de estas gestiones, Gabriela obtuvo de la Corte Jordana el permiso para visitar a sus hijos, viaje que pudo realizar un año después de haberlos visto por última vez…

Reencuentros, abrazos, regalos, recuerdos y besos fueron construyendo la fuerza que se despertó en ella para mantener encendido el vínculo con sus hijos en la distancia que los separaba.

Visitas que duraban tres horas, siempre supervisadas, durante pocos días, para luego volver a Argentina a esperar el próximo viaje, un ciclo que se repetía una vez por año, hasta que entre el 2001 y el 2003 pasaron casi 3 años sin que le permitieran viajar… Y mientras tanto, su vida entera estaba en suspenso.

En la contratapa de su libro, estas palabras resumen sus emociones: “Mi lucha recién se iniciaba. Morí y renací mil y una veces, en mi guarida lamía las heridas.. Mi útero nunca dejó de llorar a mis hijos…”

Desde ese entonces pasaron 14 años. Karim tiene 20, Zahira 19 y Sharif 16. La infancia se fue, y Gaby es mamá de 3 adolescentes, que, con la mayoría de edad, hoy pueden disfrutarla y vivirla sin tantas intermediaciones ni controles.

Gabriela tiene un cuaderno con muchas páginas en blanco para escribir. Desde otro lugar. Desde el reencuentro y la reconciliación. El desafío de transformar lo que fue en algo nuevo. Es una mamá que veló por sus hijos a la distancia y desde la cercanía. “Llegar a ese principio de la vida, que es el amor, es pasar por muchas noches oscuras, por mucha vigilia”.

Y si alguien sabe de vigilia, es ella, a quien ahora también le llegó el momento de descansar. De irse de vacaciones “como las personas normales”, de retomar sus rutinas, y esperar las visitas de sus hijos para que conozcan sus raíces. Para que se empapen de esa parte de su identidad que sólo conocían a través de los cuentos de su mamá, y de los contenidos de esas valijas llenas de “pedacitos de Argentina”, que ella armaba, llenas de camisetas de fútbol, mate, carne y golosinas.

Pudimos charlar con Gabriela mientras ella se encontraba en Suiza, cuidando durante un tiempo a su hijo mayor, quien sufrió hace poco de dos cuadros de neumotórax, que requirieron cirugía.

G- Mi idea era no viajar este año, necesitaba un poco de tranquilidad, de estar acá, con mi trabajo y mi nido… pero la vida siempre te sorprende…. Yo había vivido el encuentro con el dolor de no haber estado con mis hijos, viví la enfermedad de mi hermana Isabel, y la muerte súbita de mi otra hermana, pero ésta fue una experiencia que no había vivido antes. La enfermedad de un hijo es algo aterrador, frente a eso sentís que te caés…Pero llega un momento en que desaparece todo y lo único que esta ahí es lo que hay que poner para ayudarlo a salir adelante… Cuando una situación es muy brutal, te atraviesa, y hasta que uno vuelve a su núcleo pasa un tiempo, pero también es una experiencia muy reveladora….

VALE- Gabriela, después de todo lo vivido en estos 14 años, dónde te encuentra la vida, en esta parada del camino?

G- A partir de la primer visita de Karim a la Argentina, en el año 2010, y de la publicación de mi libro “Después de Todo”, sentí que había empezado a transitar el final de la historia. Tenía encima vivencias y conocimientos equivalentes a varias Universidades (risas), tanto en lo jurídico, en lo diplomático, en lo terapéutico, en lo cultural. Y me pregunté “Y yo qué voy a hacer con todo esto? Voy a vivir de la historia, o voy a empezar a vivir?

Los primeros años fue vivir un infierno, en el que no sabía donde estaba, y después vino una etapa de integración, de restituirles a los chicos su familia…. a partir de ahí empezó un trabajo nuevo, en el que no dependía de intermediaciones externas. Ahí dependía de mi propio trabajo.

VALE-  ¿Cómo es hoy la vida de tus hijos?

G- Mis hijos mayores están estudiando en Europa, para ellos fue un cambio muy fuerte salir de Jordania y vivir solos en ciudades liberales y occidentales. Si bien yo puedo visitarlos sin restricciones, estoy necesitando que sean ellos los que vengan a verme, que se incorporen a mi vida…Sharif todavía está terminando el colegio, en Jordania, Zahira todavía no visitó la Argentina pero lo va a hacer en cualquier momento…

VALE- ¿Te genera mucha ansiedad ese momento?

G- Ya no… Yo respeto mucho el vuelo de mis hijos, ya no pongo expectativas, me dedico a dejarme sorprender por la vida. Va a pasar cuando tenga que pasar, vengo de muchos años de trabajar el desapego, y de estar más en el presente. ¡No puedo planificar tanto! Me cuesta porque no estuve ahí, tengo que confiar en las semillas que se plantaron en esa tierra de ellos durante estos años con tanto esfuerzo mío personal, y dejar que sea…

VALE- En tu libro “Después de Todo” nos enteramos del camino de transformación espiritual que viviste y para el que tanto trabajaste. Cómo encontraste un sentido a tu vida que nunca se te hubiera ocurrido posible…

G- Ese trabajo personal, que luego se convirtió en la base de mi trabajo profesional, fue el sostén y el motor que me impulsó en toda esta historia de recuperación… Tuve la suerte de conocer a Victoria (Biraben,  Psicóloga), quien me acompañó terapéuticamente durante muchos años, y me ayudó a trabajar en mi autoestima y mi dignidad, y un día me preguntó si me animaba a trabajar en mi “ser esencial”. Trabajar con uno mismo, y atravesar los propios infiernos es uno de los actos de mayor coraje que podemos tener.

El amor es el principio de todos nosotros, el que nos da la posibilidad de levantarnos y hacer lo que hay que hacer. Llegar a ese lugar de amor puede llevar toda una vida, son capas y capas que hay que sacar para llegar a ese principio de vida…

VALE- Contanos algo del trabajo que hace tu Fundación

G- Foundchild (Fundación Niños Unidos por el Mundo) surgió  a  partir  de  un  pedido  de  ayuda que recibí de una mamá, que había leído sobre mi caso y me contactó pidiendo ayuda.
Hoy por hoy la Fundación es un espacio virtual, desde donde brindamos a las personas una guía para la restitución familiar para y por el niño. Les damos consejos sobre cómo encontrar un camino para que ese niño no esté nunca más en medio de una disputa parental. Recomendamos abogados, psicólogos,  y a partir de la incorporación de Victoria, que abrió el Departamento Científico de la Fundación, dimos un vuelco enorme, y empezamos a trabajar en un camino de salud psicoespiritual, emocional y mental para el niño y su familia.

VALE- Y ahora se acaba de editar tu nuevo libro, “Vínculos”. Cómo fue la experiencia de este nuevo proyecto?”

G- “Vínculos” explica todo mi camino. Todo lo que viví en cuanto a lo emocional y espiritual, que me ayudó a poder “religar” todos mis aspectos, todo lo que estaba oculto en mí, esas cosas que un día aparecen y hacen un desastre en la vida si no las integrás…
Este proyecto nace de mi necesidad de transmitir mi experiencia a otras personas, que están o hayan pasado por una situación muy dolorosa, y que sepan que se puede sanar, que se puede seguir adelante. La idea del libro es hacer un aporte real, tiene explicaciones científicas y filosóficas para poder resolver, para poder sanar, despertar la conciencia, y dejar los argumentos, que son más para el “Yo”, para el ego…

Hoy por hoy, mi libro, las clases de Yoga, que doy en forma particular y grupal, y los talleres de Constelaciones Familiares son mis proyectos personales y me devolvieron una rutina y una vida que había perdido hacía mucho. Me siento muy nueva en cosas en que la gente tiene más costumbre, ahora como, duermo y hago las cosas que hace la gente normal…!

Después de habernos asombrado y maravillado con las experiencias, la sabiduría y la fortaleza que Gabriela compartió con nosotros durante esta larga charla, nos quedó resonando una frase que la describe en la que, creemos, es su más íntima esencia…

Hoy tengo que decidir el legado que les voy a dejar a mis hijos. Si es de confrontación, o de encuentro en las diferencias. De sanación y de recuperación. Sanación para mí es limpiar las heridas y poder a partir de ahí hacer una metamorfosis de lo vivido, del dolor, y tal como es el proceso de la oruga a la mariposa, poder convertirme yo también en mariposa… ese es mi camino.”

Por : Florencia Rossi

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