Nido de artistas

“La naturaleza es una de nuestras principales fuentes de inspiración”, reconoce esta pareja radicada en los bosques de Valeria, donde han cumplido el sueño de vivir en un entorno de paz junto a sus hijos y dedicarse full time a la creación artística que tanto aman.

Llegamos a la casa de Pablo y Gabriela, un espacio lleno de luz y de arte; donde se advierten manos y espíritus sensibles. Ocurre que el hogar de estos dos artistas arraigados en Valeria del Mar forma parte de un sueño que nació como “un proyecto alocado”, tal como ellos reconocen. La casa fue diseñada y construida en el bosque con la colaboración de algunos hombres de la zona y es, sin dudas, el fiel reflejo de quienes la habitan. Un ida y vuelta.

Él se desempeña en la herrería y ella en el arte plástico, pero su mejor obra es una suerte de tríptico: Fermín, Noé y Ángela, tres niños para los cuales la destreza creativa forma parte del juego de todos los días.
En el plano artístico, ambos trabajan con Julia Montalvo, amiga y colega, con quien conforman el grupo “LAS ARTES DE LA MAR”, ofreciendo obras y soluciones artísticas de distinto tipo. Además participan activamente en el Grupo Convergencia, un dinámico conjunto de artistas con sede en la ciudad de Pinamar (ver recuadro).
Tuvimos el agrado de conversar con ellos acerca de la apuesta de vivir sobre la base de aquellas cosas que les entusiasma día a día: el arte, sus hijos y la paz que les regala la naturaleza.

-¿Qué los hizo venirse a Valeria desde Buenos Aires, allá en el año 2000?

Gabriela: -A partir del nacimiento de nuestro hijo Fermín, que tuvo algunas complicaciones por ser prematuro, empezamos a pensar en un cambio de vida. El que tomó la decisión fue Pablo, que vino a trabajar durante la temporada de verano y me dijo “no volvemos”. Obviamente lo hablamos mucho entre los dos, pero estuvimos de acuerdo en tomar esa decisión, un poco a lo loco.
Pablo: -Pasar ese verano en Valeria del Mar me hizo remontarme a mi infancia en Pinamar, en el cual pasé muchas temporadas de verano ya que mi viejo era decorador. Hacía decoración de estilo naval y veníamos todos los veranos desde el año ‘72. Mi viejo tenía un local y alquilaba una casita en Valeria.

-¿Y cómo empezó el trabajo de ustedes con el arte?

Gabriela: -Yo siempre dibujé, pinté, estudié Bellas Artes. Desde chica era una máquina de dibujar, no paraba.
Pablo: -Yo trabajé un poco con mi padre en la última época de decoración naval, y comencé a desarrollar trabajos en hierro de forja, en base a dibujos y diseños que me gustaban. Lo hice hasta el ’93, durante ese tiempo también trabajé en el taller de unos amigos alemanes que eran ebanistas, así que tuve la posibilidad de aprender este tipo de trabajo desde una inmersión profunda con los materiales, con las manos. A partir de ahí supe que lo mío era el trabajo con las manos, trabajé con piezas torneadas, molduras, etcétera. De a poco el trabajo del hierro y la madera fue migrando desde su aplicación práctica y funcional, a un sentido más artístico, al de trabajar los materiales para lograr algo que me gustara en sí mismo, y se fue modelando mi vocación.

-¿Qué rol piensan que cumple el arte dentro de su estructura familiar?

Pablo: -Fermín pinta y toca el tambor, desde los 7 años tiene su taller de percusión. El más chiquito, que tiene 4 años, toma una buña y se pone a tallar, puede pasarse horas haciendo eso. Cada uno toma lo que lo identifica más. Lo lindo es que no lo hacen desde un lugar de aprendizaje de una actividad, sino que es parte de su vida cotidiana.

-¿Y cuál es la repuesta al trabajo que realizan, de la gente que vive cerca de ustedes?

Pablo:
-Vivir en un lugar chico como este te da la posibilidad de que todos te conozcan y te puedan dar una mano. Trabajé de barman hasta el 2003 para un hombre que hoy me da la posibilidad de exponer mis piezas en su galería, y me abre una puerta. Una clienta que nos compró una pieza a principios de año, un pez realizado en chapa con pintura acrílica, nos llamó por teléfono para decirnos que cuando colocó la escultura en su casa sintió la energía que emanaba de ella.

¿Qué ventajas le ven ustedes a un niño que crece en un entorno creativo?

Pablo: -El modelo de los padres influye mucho. Mi motivación y principal estímulo fue el ver a mi viejo haciendo y viviendo de lo que le gustaba. Creo que nuestros hijos van absorbiendo nuestras experiencias y se las apropian de acuerdo a sus gustos y necesidades.

¿Cómo creen que influye la naturaleza y una casa tan linda en su proceso de creación?

Gabriela: -Yo soñaba con desayunar bajo un árbol, poder plantar, que nuestros hijos jueguen en un bosque al lado de casa. Y eso lo pudimos tener al elegir este lugar para vivir.
Pablo: -Yo estoy en el taller cortando mis piezas, Gaby está pintando y de repente cortamos un ratito para ir al jardín de infantes a buscar a mi hijo. Nos movemos en bicicleta, esta tranquilidad nos motiva todo el tiempo. La naturaleza es una de nuestras principales fuentes de inspiración.

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