Hacer lo que a uno le gusta, una forma de vivir en libertad.

Apasionado por lo que hace y enamorado de lo que crea, Marcelo Hernández transmite el sentimiento por su profesión en cada palabra. Radicado en General Madariaga pero anclado con el alma en cada una de sus esculturas, hace un repaso de su vida. Pasen y lean, conozcan al artista plástico que talla con el corazón.

VALE- Marcelo, contanos un poquito sobre tu vida, sobre cómo empezaste en el camino del arte y la escultura…

M- En General Madariaga donde nací, mi padre tenía un taller donde lustraba muebles. Ahí mi trabajo consistía en rasquetear y lavar los muebles, pero me daba pena si el mueble no quedaba perfecto. Tomé un poco de coraje y empecé a restaurar pedacitos de talla como para imitar la original, y así fue apareciendo mi vocación por la madera. Dejé mis estudios, no terminé el Secundario y por cosas de la vida tuve diferentes trabajos, pero nunca me alejé del taller, siempre estuvo en mi casa. Medio día trabajaba de otra cosa pero a la tarde volvía a hacer alguna talla. Leyendo, me fui perfeccionando y empecé a hacer algunas artesanías comerciales. Como soy autodidacta, para algunos escultores ya tenía la práctica, pero me faltaba la parte plástica o visual. De todas maneras seguí aprendiendo, hasta que Alfredo Benito, de Ayacucho, un restaurador del Museo Nacional, con una trayectoria y mucho conocimiento sobre el tema, vio mi obra y confió en que podía hacer un trabajo importante. Yo no me animaba pero él me tuvo fe. Me encargó algunos trabajos y me convocó para hacer una iglesia completa, con ocho o nueve esculturas.

VALE- Cómo fue ese salto para vos, de pasar de hacer artesanías de feria a hacer algo tan importante como trabajar en el equipo de Juan Carlos Pallarols?

M-  Fue todo un desafío, muy fuerte. Tuvo que ser a partir de la confianza de alguien que me generaba admiración, que me mostró que yo era capaz. Los que estamos en esto aprendemos todos los días a vivir de lo que te gusta hacer y disfrutar de eso. A veces la ganancia es mucha, otras es poca, pero el hecho de crecer es lo que te impulsa.Artistas debemos haber muchos y a veces uno no se muestra lo suficiente o no está en el lugar indicado. Pero en mi caso, cuando pude comenzar con proyectos, fueron bien reconocidos.

VALE- Te gusta trabajar en equipo, o preferís más el trabajo en soledad?

M- Soy solitario, así me concentro más. Me gusta trabajar en mi taller y dedicarme a dos o tres esculturas a la vez. Por ejemplo; en la parte gruesa de la escultura, cuando empezás con el pedazo cuadrado a sacar madera, uno va sin pensar. Pero cuando llegás al detalle, como la expresividad del rostro, o el vuelo de una tela más delgada o más gruesa, necesitás calma para poder concentrarte. Mientras con una escultura estoy en proceso, con la otra voy iniciando y pensando en un detalle a resolver. Necesito tal vez dos o tres días para pensar cómo hacerlo, hasta que “aparece” lo que necesito. Es como un juego de estados de ánimo y de procedimientos.

VALE- El oficio de artesano te permitió dedicarte al de escultor y tallador, ¿te dio satisfacciones?

M- Sí, seguro. De alguna manera fue la base de mi trabajo. Tuve un local en Valeria del Mar, en Cariló y viajé por la provincia con las ferias, con eso crié a mis hijos y construí mi casa.  Ahora estoy más quieto porque desde hace 15 años soy profesor en la Casa de la Cultura de Pinamar, en la escuela de Ayacucho y en la de Bellas Artes de Madariaga, y además tengo mis alumnos particulares. Así tengo 3 días de la semana ocupados y el resto del tiempo lo dedico a mi taller, que es mi pasión.

VALE- Hay un maestro entonces adentro tuyo, no es lo mismo ser un artista que poder transmitir un oficio.

M- Sí, hay muchos artistas que son muy buenos en lo que hacen pero les cuesta comunicarse con la gente, no es fácil. Mis talleres tienen una característica muy especial, porque soy amigo de mis alumnos. Tomamos mate y no les impongo lo que tienen que hacer.

VALE- ¿Qué rol tiene el amor en este oficio? En tu proceso creativo?

M- Tiene que ver con el apasionamiento. Si uno es apasionado en lo que hace, lo refleja en una obra. No me interesa el tiempo que me toma hasta que logro el objetivo de expresar lo que yo quiero. Eso se logra solo con amor, cuando no importa la cantidad de esfuerzo y de tiempo. Me pasa que no me quiero despedir de una obra y me la quedo unos días más en el taller, porque me gusta mirarla y me cuesta entregarla. Eso tiene que ver con el amor.

VALE- Hay un libro muy lindo que se llama “La Agonía y el Éxtasis”, que describe la vida de Miguel Ángel contada en primera persona. Y cuenta algo hermoso, que él se iba a Carrara a elegir los mármoles para sus obras y no veía los bloques, él decía que los bloques escondían adentro a una escultura, y que solo había que sacar lo que sobraba, con una humildad como si su tarea fuera sólo develar lo que ya estaba ahí… qué pensás de esta mirada?

M- Sí, conocía esa frase de Miguel Ángel, aunque no leí el libro. Es muy lindo escucharla y tal vez a él, con todo su talento y grandeza, le pasaba esto. Pero creo que la mayoría de los artistas necesitan de un proceso de estudio previo. Antes que nada tenés que saber donde va a estar ubicada esa obra, depende el material ya que cada uno se resiste de manera diferente a ser tallado. Soy muy partidario de investigar y de pensar previamente. No me resulta tan fácil, como simplemente quitar el material que sobra. Tal vez eso es lo que hizo de Miguel Angel un genio.

VALE- ¿Cómo es tu relación con Valeria del Mar?M-

Yo llegué hace más de 30 años y trabajé en la Cooperativa de Luz, mientras hacía mis artesanías. El turismo por supuesto fue clave para poder vender mis trabajos, te da la posibilidad de desarrollarte. Hoy estoy viviendo en Madariaga pero no pierdo contacto porque mis hijos todavía viven ahí, ellos también se dedican al arte, mi hija hace telar, y mis dos hijos varones se dedican a la música, uno es trompetista y el otro baterista.

VALE- Influyó en ellos el estilo de vida de su padre…

M- Seguramente, es una forma de vivir en libertad, hacer lo que a uno le gusta. Hay temporadas buenas, temporadas malas, pero la vocación te guía y te impulsa hacia delante.

VALE- ¿Qué consejos le podrías dar a los chicos de hoy, que están mucho más cerca de la tecnología que de los materiales nobles como la madera?M- No me siento muy capacitado para dar consejos. Yo mismo me siento muy lejos de ellos porque la tecnología no es lo mío, es más, debería aprender lo básico para no quedarme fuera del sistema. Pero un poco se ha perdido esa sensibilidad de los jóvenes por crear, como si pensaran que ya está todo inventado. Tal vez se pasan horas frente a una computadora pero no saben cómo poner un tornillo. Viven con otros gustos, con otras necesidades.Algunos nos quedamos en una burbuja, en un taller trabajando y no aprendimos el resto, pero cada cual debe hacer su vocación, y encontrar como expresarse. A mi me gusta cuando tengo alumnos muy mayores, que vienen al taller y me dicen “a mi esto siempre me gustó, pero nunca tuve la posibilidad de hacerlo”… nunca es tarde para empezar.

Por Gonzalo Spina.

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